jueves, 20 de mayo de 2010

Critic-Ass (El Hoyo Crítico): CARANCHO

Crítico invitado: Brujito, estudiante de cine y humorista gráfico creador del blog Fantasmitas.

AL CINE CON CINERD

Antes que nada quiero hacer referencia al por que de esta incursión mía en este blog. Me ha tocado en suerte presenciar la película junto al mismísimo creador de CINERD (léase “uno de los…”) Bernabé Quiroga. Una persona adentrada en el mundo cinematográfico y poseedora de agudos comentarios (durante la proyección) denotantes de un conocimiento y una chispa envidiables, tales como: “BIEN CAMPEOOOON!!!” (cuando el protagonista conquistaba finalmente a su co-protagonista), “OOSSOOOO!!” (mientras la co-protagonista “huía” del plano dejando a un potencial desnudo en la nada) y una larga lista de etcéteras. Un creador de frases célebres nato. De más está decir que fue una experiencia extrasensorial y de la cual, luego de largos intercambios de opiniones, derivó el permiso de redactar esta crítica.

Mucho se debatió previamente en lo referente a esta nueva obra de Pablo Trapero. El ambiente cinematográfico nacional viene caldeado desde el reconocimiento Hollywoodense hacia EL SECRETO DE SUS OJOS y varias voces se cruzaron con opiniones respecto a lo realizado por Campanella y su relación para con el modo de hacer cine en Argentina. En este contexto suena obvio decir que al sumar las palabras Darín y Policial se generó una expectativa importante frente a lo que CARANCHO podía ofrecer.
Y en lo que se planteó ofrecer Trapero no decepcionó. Fiel a su estilo presentó personajes pequeños o medianos, grises, adentrados en la problemática diaria de una sociedad underground y alejados del estereotipo irreal de la gente sin los conflictos que la vida nos plantea diariamente. Personajes fácilmente asimilables y que, mal que nos pese a varios, generan en el espectador una empatía producto de la humanización de los mismos. Personajes que podemos ver en las calles si prestamos atención, ubicados en su contexto natural y recorriendo su historia diaria. Trapero toma esto y lo usa para retratar un modo de vida que existe, que no pertenece a la ficción y, a la vez, para denunciar hechos y políticas que también existen, y que duelen más al reconocerlas en nuestra vida diaria.


La historia nos presenta a Sosa, un abogado sin matrícula que se encarga de identificar a víctimas de accidentes de tránsito y entablar relación con ellas para iniciar acciones legales hacia las aseguradoras, fraudes hacia las mismas (y hacia sus propios clientes) y demás asuntos de dudoso nivel moral. Ya en la presentación el espectador no puede menos que sonreír ante la explicación implícita del por que del título de la película.
En una de sus incursiones en esta sub-sociedad de las calles nocturnas ajetreadas por las consecuencias del tránsito irracional, Sosa conocerá a Luján, una joven médica que intenta salvar a las personas que el abogado pretende atraer hacia sí. Producto de este encuentro cambiará el modo de entender las cosas para él, intentará redimirse de su vida pasada y emprender un nuevo camino en el que pueda acompañar a la médica.
Llegados a este punto ambos comprenderán lo difícil que resulta escapar de la corrupción reinante en esa sub-cultura underground en el que cada quién peleará para quedarse con su fuente de dinero, los accidentados y sus potenciales demandas judiciales.


Trapero narra una historia llena de tensiones y la sostiene (y potencia) con una cámara frenética que pocas veces se queda quieta. Abundan los planos secuencias, las cámaras al hombro, los planos corregidos en toma. Elementos que atrapan al espectador y lo envuelven en una tensión casi constante. Hemos de decir también que, en algunos pasajes de la película, estos recursos le juegan en contra al director; por breve momentos incomodan o generan un ruido que nos abstrae un poco de la historia.
Por otro lado, un aspecto interesante a tener en cuenta es que la cámara se asienta recién en las pocas escenas de tranquilidad de Sosa y Luján. No es casualidad que llegados a la confirmación de la pareja y su consumación como tal la cámara encuentre un trípode para descansar y deje a la historia narrarse sola.
La imagen “sucia” o “descuidada” nos remite a las mismas sensaciones que nos generan la cámara y sus movimientos. Y también como estos, por momentos genera en el espectador pequeños “ruidos” que lo distancian de la película.


En suma, Trapero demuestra nuevamente que puede generar mucho con poco. Toma “grandes pequeños personajes”, los coloca en su hábitat natural y cuenta historias gigantes, llenas de denuncia y retratos incómodos que tenemos que ver, conocer. Trapero trasciende incluso la temática de los géneros y toma de cada uno de ellos los elementos que ayudan a la narración y a la historia a llegar a buen puerto. De aquí se entiende que en varios ámbitos no se pueda encajar a esta película en un género determinado. Ni Luján es la femme fatale del policial negro, ni Sosa un buscador del bien social, y quien sabe cuantas afirmaciones más se podrían hacer. Sólo son dos personajes que conviven con nosotros en esta lastimada Argentina contemporánea, con una historia paralela a la nuestra. Una historia que Trapero nos fuerza a ver ya que, en nuestra vida cotidiana, tendemos a mirar hacia el otro lado ante situaciones como las que nos plantea CARANCHO.


Calificación Nérdica:

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Coincido con la crítica, la película, si bien tiene algunas fallas, está buena.